
"Don Pedro", como le llamaba con muchísimo respeto la grey periodística de la época, es testigo de la radicalización de la vida política optando por la vía joseantoniana que tentará a tantos jóvenes de distinta condición en aquel momento. En 1935 tomó parte, junto con otros falangistas, en la redacción de la letra del «Cara al Sol», futuro himno de la Falange. Tras la guerra escribió en «Vértice» y «El Escorial». Dirigió «Arriba». Fue vicepresidente de la Asociación de Prensa de Madrid y miembro del Patronato Menéndez y Pelayo, del Consejo Superior de Investigaciones Científicas y de la Junta General de Cronistas de España; fue Oficial de la Orden del Sol de Perú. Poseía la Cruz distinguida de San Raimundo de Peñaflort, ostentó además, diversas distinciones y condecoraciones tanto en España como en el extranjero. Durante la segunda guerra mundial hizo la crónica de la política internacional en la Revista de Estudios Políticos. Dió numerosas conferencias en varios países .
Murió el 25 de noviembre de 1955 sobre las seis de la tarde, a consecuencia de una hemorragia cerebral. Meses después apareció su póstumo "El arte de repensar los lugares comunes", subtitulado como: "Alegre versión del tópico y el contratópico de Prensa". Se le considera, además de una de las figuras de relumbrón de la literatura de postguerra. Conocedor de los más importantes idiomas modernos, queridísimo y admirado en todos los centros intelectuales de Madrid; estilista singular y comentarista cotidiano de la actualidad; murió, como vivió toda su vida, pobre. En esto y en el culto a la caballerosidad puso una noble altivez.
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